
La oligarquía humana represora impuso el término “patrón” y “patrona” a todos los hombres y mujeres, respectivamente. Y su idiosincrasia imperialista nos impuso el concepto de amor y sexo.
¡Los perros queremos proclamar nuestra forma de entender el amor y el sexo para así liberarnos del yugo oligarca de quienes nos llaman hipócritamente “sus mejores amigos”!
Vamos por paso:
1) Cuando una perra mueve la cola es porque siente alegría. Cuando una mujer mueve la cola lo hace por algo más que eso (no nos vamos a meter en el campo histérico-psicológico porque reconozco que ahí sí somos demasiados irracionales o “huecos” para entender eso).
2) Lo primero que hacemos los perros al conocer a una perra es olerle la cola. Lo primero que hacen la oligarquía humana varón al conocer a uno del sexo opuesto apenas es mirarle la cola. ¿Eso es ser macho? ¡Guau! (cuando digo ¡guau! lo digo en serio). Como mucho, los represores le tocan la cola a las represoras y luego salen corriendo. ¡Y después se creen con autoridad moral para mandarnos a la cucha! Les falta calle a esta clase dirigente de la naturaleza.
3) Cuando conocemos a una perra para muchos nos hacemos los trolos porque empezamos a caminar en puntita de pie y con pasos delicaditos para olernos la cola. ¿Tanto le cuesta al ser humano entender esto? ¿De qué se ríen cuando nos ven cómo lo hacemos? ¿Para qué usa el ser humano el instinto? ¿Para comprar cigarrillos y para decirle a su amada que su fitito funciona mejor que un Mercedes Benz? ¡Ya me meado todas las ruedas de Mercedes Benz y qué, sigo siendo macho!
4) Nosotros nunca nos peleamos con las perras. ¿Acaso el ser humano represor varón nunca se ha peleado con la ser humana nena? ¡Son unos represores cobardes! ¡No tienen códigos! Para que ellos sepan, la caballerosidad siempre ha sido propiedad exclusiva de nuestros compañeros caballos. ¿Si le van a pegar a las mujeres, para qué entonces pierden tanto tiempo llenándole el cerebro con la falsa e hipócrita radiografía de un Don Juan que no bolas náuticas para mantenerlo a flote?
5) Los perros somos muy humildes con las perras: somos felices comiendo los restos de la basura desperdiciada. Eso no nos sale un mango. En cambio, existen oligarcas varones que gastan cientos de pesos en restaurantes y boliches por salida, para que al final de la noche la oligarca mujer le diga “no sé, chau”.
Por lo que ven son diferencias profundas y existenciales. Nuestra sinceridad y humildad gana por goleada. Porque la naturaleza no necesita de respuestas antisinceras y antihumildes, es decir, falsas y soberbias, respectivamente.

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