lunes, 13 de octubre de 2008

¿Por qué los callejeros detestamos los trocitos?


La opresión de la oligarquía humana dominada por el consumismo neocapitalista sin rostro humano (y mucho menos, animal) nos materializó hasta el punto de arrebatarnos totalmente el sentido natural de nuestra alimentación,  si la oligarquía humana inventó a los Supersónicos, ¿por qué los irracionales “mínimamente racionales” y de buen corazón (como destaqué en el post anterior) recibimos la condena de comer la ultra modernísima comida basura de la postmodernidad, es decir, los trocitos, como si fuéramos esos seres futuristas alguna vez comerán y beberán sólo pastillas? (guau, qué pregunta tan larga, igual cualquier choco lo entiende).

¿Acaso alguna vez la oligarquía humana dejará que un maldito comprimido marrón con olor a vitaminas artificiales procesadas reemplace al asado y al pollo deshuesado? ¡Ah! ¡Qué bien uno mueve la cola cuando dice la verdadera verdad teniendo la razón (cosa que la oligarquía humana nunca nos va a reconocer!

Sin embargo, reconozco que parte de la culpa lo tenemos nosotros. Aunque no todos nosotros: sólo los chocos obsecuentes (que detestan llamarse “chocos” porque se consideran “perros de raza”) y de sangre oligarca, que parecen sentirse feliz sólo en una peluquería canina y que son alérgicos a la burocracia de la calle, en fin, son los primeros en bajar la cabeza cuando le dan una espantosa bandeja de plástico con ese plástico balanceado (me niego llamar alimento a esa basura “balanceada”). Ellos son unos chupamedias del humano opresor pero en el fondo son unos garcas con cuatro patas. ¡Ah y después cuando nos cruzamos en la calle pareciera que se le caen ocho menstruaciones encima porque para dejarse oler las colas tenés que hacer un trámite con tu olfato que no terminás más! También por eso son garcas.

Yo las tengo bien puestas y lo voy a decir de frente: ¡prefiero comer bostita seca del Parque que basura balanceada! Porque la bostita es el producto de la calle y del irracional sacrificado que deja en esa bostita el ADN del pueblo, ¡y nada mejor para el pueblo que un alimento que tenga el 100 por ciento del ADN del pueblo!.

El oligarca humano que esté leyendo esto puede que sienta un poco de asco pero también algo de orgullo por sentirse “pueblo” con lo que está leyendo. Para que él sepa, nosotros estamos orgullosos de todo lo que es calle, porque como seres naturales no discriminamos a la calle porque la calle es nuestra selva, nuestro hábitat natural, o sea. Y reclamo de una vez por todas que recuperemos la dignidad del hueso del caracú y de los restos de los platos del almuerzo y de la cena,  y no ese sustituto oligarca y no artesanal de la basura balanceada, o sea.


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