martes, 7 de octubre de 2008

¿Quién nos prohibió comer huesos de pollo?


Desde que existen las carnicerías, la oligarquía represora humana nos prohibieron comer huesos de pollo. ¿Qué autoridad moral tiene el hombre (y mujer) para dictaminar semejante atropello a las libertades mínimas (“mínimas” porque para ellos nunca seremos libres) de los seres irracionales con collar y cuatro patas?

Es una hipocresía prohibirnos el hueso de pollo porque siempre que un compañero nuestro murió al pie del cañón atragantado por esta farsa el único culpable no fue la imprudencia del ser irracional engañado hasta las protuberancias, sino más bien el ser que se apropia de las libertades y decide con su libertad otorgarle un hueso de pollo a los condenados con libertades mínimas.

El hueso de pollo es muy rico, sobre todo para los compañeros Dálmatas, que suelen acordarse del olor al hueso de pollo pasado tres años de la última vez que se acercó a un tacho de basura para saborear ese exclusivo banquete.

Si nosotros nos hacemos cargo de los huesos de pollo encontraremos la forma natural de no atragantarnos, pero mientras la decisión última siga en manos de la opresión represora del imperialismo humano moriremos atragantado por esta pieza ósea.

¡No me entra en el cerebelo (ni mucho menos, en el instinto) ceder ese alimento a los humanos, que también lo tiran porque son tan exquisitos e hipócritas que por un lado afirman que el hueso es muy rico y por otro lado, lo tiran a los tachos de basura! (estoy tan cebado que si veo a un ser racional seguro que lo muerdo en el tobillo).

¡No puede ser que los derechos humanos estén hechos sólo para humanos! ¿Y qué dice la Constitución Nacional? ¡Qué va a decir: por más que diga algo, hecha la ley = hecha la trampa!

Si alguno de nuestros compañeros perece heroicamente por estrangulamiento causado por un hueso de pollo sabremos que su muerte no habrá sido en vano: será un paso más hasta llegar al fin de las libertades mínimas y empezar a soñar en un irracional con libertad (para eso tendrán que cambiar la Constitución y los libros de filosofía, creo).

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