jueves, 20 de noviembre de 2008

Colita


La oligarquía humana sigue dejando rastros en el abandono de nuestra persona irracional. Aquí les dejo una carta que me envió el colero Colita.

"Me llamo Colita. Tengo casi 35 años perro y cinco años humano. Nací en Las Paredes, San Rafael. De más está decir que vine de una familia numerosa de caniches baratos color marrón, que seguramente no son caniches sino otra cosa. Yo me considero del zanjón que divide San Rafael de Las Paredes.

Me trajeron a Mendoza apenas nací. Yo era muy simpático, movía la cola todo el tiempo y mi emoción realmente contagió a mis primeros patrones. Uno de ellos se reía porque cada vez que me alzaba a mi, yo me hacía pis.

Llegué a Mendoza y a los dos meses me quisieron regalar. Ese fue mi primer golpe de la vida.  Me di cuenta de que mi patrón me quería pero la mamá de mi patrón no me quería porque decía que yo molestaba en esa casa. Una mañana, sin que mi patrón supiera, la mamá de mi patrón me entregó a una verdulería del barrio donde vivía. Esa verdulería quedaba en Arístides y Paso de los Andes. Allí me adoptó un niño. Era muy pobre. Yo me sentía muy mal porque tenía miedo de que me abandonaran para siempre. Ese chico creo que me quería, pero como que la ligó de arriba cuando la mamá de mi patrón me hizo regalar ante él. Fue la primera vez de mi vida que dormí afuera. Aún era muy cachorrito. El amanecer del día siguiente fue muy feo: sentí tanto frío y hacía tanto viento que creí morirme.  No tenía comida. Tenía que rebuscármela sola. Pero en ese momento era muy cachorrita y esas cosas no sabía hacerlo. Y así fue que pasó un día sin que yo comiera nada. No me sentí feliz allí. Me estaba muriendo de tristeza porque sabía que el otro patrón me quería. Y yo seguía haciéndome pis de emoción, cosa que en esa casa nunca me lo perdonaron. Pero por suerte la aventura en esa casa duró sólo un día: se ve que mi patrón anterior habló con su mamá y su mamá habló con el dueño de la verdulería y el dueño de la verdulería habló con mi nuevo patrón y mi nuevo patrón me llevó directamente a la casa de mi antiguo patrón. Cuando volví a entrar a la casa de mi primer patrón, él me recibió con los brazos abiertos. Pero yo no moví la cola: sentía miedo. Estaba metida en mí misma. ¿Qué garantía tenía yo de que no me volvieran a abandonar? Pero eso se me pasó rápido porque mi patrón estaba muy contento con mi regreso y cada vez que él decía "Coliiita" yo me hacía pis de emoción.

Ni bien pasó un mes, una tarde mi patrón junto a su hermano se subieron a un automóvil, conmigo, y arrancaron rumbo al Parque. Pensé lo peor. Y sucedió lo peor: me abandonaron al pie del Cerro de la Gloria.

Por más que lo presentí jamás acepté ser abandonado. Y entonces empecé a sufrir con todo. A tal punto de que hacía casi 40 grados, yo estaba bien peludo, y ni me moví. Me quedé durante horas como un hielo imposible de derretirse. Me costaba entender lo que acababa de pasar.

Pero pasó que tres horas después mi patrón volvió con el coche a recogerme. No sé qué habrá pasado en su casa con su mamá y su hermano, pero él volvió solo y se ve que anduvo buscándome porque estaba muy muy nervioso e intrigado, pero cuando me vio -recuerdo que yo estaba como a 80 metros de él- lanzó al aire el grito "¡Coliiiiitaaa!" y yo empecé a correr hacia él, meándome a la vez en todo mi cuerpo. Lo vi muy asustado a mi patrón. Me quería tener para siempre. Yo sentí que esa tarde volví a renacer.

Volví a esa casa pero pasó lo que tenía que pasar: la mamá de mi patrón decidió echarme otra vez. Aunque esta vez fue distinto: me fue a vivir a la casa del hermano casado de mi patrón, que tenía en ese momento como otros cinco perros más, así que me fui a vivir con cinco perros en una casa.

Pasaron los años y sigo aquí. El otro día, sin querer, mordí a mi actual patrón, el hermano de mi patrón original, porque quería defender a los otros perros de la casa, pero fue una travesura. Lo que sí es gracioso contar es que mi primer patrón no puede creer que cinco años después yo aún recuerde su forma de llamarme "¡coliiiitaaaa!" y que me siga haciéndome pis cada vez que me emociono".

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy linda historia...Ojala que este mundo cambiara y nos dieramos cuenta que los animales son algo maravilloso...No hay animal mas fiel que un choco y aunque lo reganes siempre te va a dar amor y te va a sonreir moviendo la cola...