jueves, 4 de junio de 2009

El arte nos margina

En mi perra vida me vi retratado en un cuadro de Da Vinci, Miguel Angel, Van Goght, Van Basten o El Greco, aunque este último, por su estilo gótico, sólo pudo pintar a dobermans agrandados.

Si para los seres humanos, a la hora de hablar de números nosotros no valemos nada, mucho menos lo es si aparecemos en algún cuadro.

El arte refleja al oligarca humano con expresiones de sufrido al mango y de jocoso hasta las nubes. Además, el arte refleja el estado de evolución de la historia de la humanidad, de que lamentablemente también formamos parte, porque aún no sabemos si nosotros existimos desde antes del ser humano o no.

Así, por ejemplo, uno puede saber cómo era el ser humano hace mil años según dibujos o acuarelas; la pintura es lo que mejor retrata a la Edad Media y lo hace a través del hombre, la mujer y sus vestimentas. Lo mismo sucede con el moderno y contemporáneo.

Ahora, ¿cómo deducir en qué época de la historia se pintó un cuadro en el que figura un choco si siempre aparecemos en pelotas y con la misma piel? Nosotros no usamos aros, ni polleras, ni peinetones, ni automóviles ni nada. Somos lo que somos, una eterna generación de nudistas que no evoluciona porque no se nos canta evolucionar.

Nosotros siempre fuimos iguales. Nunca cambiamos a través de la historia. Siempre ladramos igual. Siempre nos vestimos igual, es decir, no nos vestimos. Siempre caminamos igual. 

Para nosotros, calidad de vida, evolución e historia se resume en un hueso y un charco con agua.

Si bien el arte nos margina, por suerte existen algunas excepciones:

 

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